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Cómo ayudar al propietario y a ti, ante la Eutanasia de una Mascota

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Una mascota es más que un animal, llega a formar parte de nuestra familia durante años, en los cuales te brindan su cariño en mayor o menor expresión. Las despedidas nunca son fáciles, pero menos si son premeditadas. Es lo que ocurre en una Eutanasia. 

A menudo, como veterinarios escuchamos frases como: “¡Qué envidia trabajar con animales; todo el día rodeado de perros; qué suerte poder curar animalitos…!” y esas afirmaciones no están faltas de veracidad. 

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce

El Veterinario, por su trabajo, está constantemente peleando contra la enfermedad y desafiando a la muerte, intentado alejarla de sus pacientes, pero siempre con el objetivo de ofrecer la mayor calidad de vida posible. 

Sin embargo, llega un momento en que el animal no puede más, ya sea por enfermedades como la rabia u otras consuntivas como el cáncer, la edad, un accidente u otra circunstancia. Son momentos muy delicados, en los que, como veterinarios, debemos tener la profesionalidad y la fuerza para afrontar esta situación y ayudar al propietario a sobrepasarla.

Tu primera eutanasia

Un día cualquiera de verano a mitad de mañana, actividad desenfrenada en la clínica. Los tres veterinarios hasta arriba de consultas, revisiones y pacientes a los que atender. Los dos alumnos en prácticas con ellos, aprendiendo todo lo posible. 

De repente aparece “Sofi”, una pequeña perrita cruzada de 13 años; a la que habíamos visto la tarde anterior, con un diagnóstico de neoplasias de gran tamaño y metástasis por todo el tejido pulmonar y corazón, la cual dio la cara en pocos días y “Sofi” empeoró rápido. 

La propietaria, una mujer de mediana edad, a la que acompañaba su hermana, había decidido dejarla descansar; y tenía claro que no quería estar presente. Así que firmó el consentimiento de eutanasia y se fue. 

«Sofi» se quedó allí, y como las consultas estaban desbordadas la llevamos a dentro. Los tres veterinarios seguían con su actividad, y yo, alumno en prácticas, le pregunté a uno de ellos si podía hacerlo. 

Él me preguntó si me sentía capaz; y le contesté que si.

Cogí a Sofi y la subí a la mesa, no paraba de hablarle y acariciarla para tranquilizarla, pues se le veía bastante nerviosa. Tras colocarle la vía, conecté el gotero, cargué la medicación y me senté a su lado. 

El animal sabía lo que tocaba, y me miraba con ojos de agradecimiento y de cansancio. Sus ojitos se cerraron lentamente ante la sedación y al poco, su corazón dejó de latir. 

Esa fue mi primera eutanasia, la cual no olvidaré en la vida. Si te dedicas a la clínica, te llegará el momento antes o después; así que mejor que estés preparado para saber afrontarlo con profesionalidad. 

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La eutanasia como una opción

El hecho de considerar la eutanasia como una opción puede venir por parte del propietario, quien, viendo el sufrimiento de su mascota y conociéndola, decida plantearse esa vía. No será fácil para él, así que por el hecho de que sea él quien lo diga, no significa que no vaya a pasarlo mal. 

Pero otras veces, debemos ofrecerle esa posibilidad para que él valore. Nunca debemos decidir por él, ya que este es el máximo responsable de su mascota; pero sí asesorarle y resolverle todas las dudas que pudiera tener, como ahora veremos. 

Apoyar al propietario en el duelo

Como ya he dicho, nuestro papel como veterinarios es fundamental para el consuelo del propietario. Pero es importante diferenciar las distintas fases por las que pasará el propietario durante el proceso; para asegurarnos de ofrecer el mejor servicio. 

Es fundamental saber que no todas las eutanasias son iguales, ni todos los propietarios, por lo que nos debemos adaptar a la situación y personalidad de cada uno. Hay personas más expresivas, extrovertidas, reservadas, tímidas, etc. 

📍 Antes de la eutanasia

En estos momentos es muy importante la comodidad del propietario y familiares, así como la comunicación con ellos; al igual que de la mascota. 

Debemos ofrecerle un lugar tranquilo, discreto y a ser posible apartado de otras zonas de la clínica (una consulta, la sala de rayos, hospitalización, intentando reservar siempre el quirófano; para evitar contaminaciones externas). 

Es importante avisar a los compañeros para que eviten hacer ruidos fuertes, risas, levantar la voz demasiado, que haya música…

No se trata de parar la actividad de la clínica, sino empatizar con ese propietario y ponernos en su lugar, para poder tratarlo como nos gustaría que nos tratasen en una situación igual. 

Debemos tener mucha paciencia y saber escuchar al propietario, el cual tendrá muchas preguntas y dudas:

  • ¿Le va a doler? ¿Se va a dar cuenta?
  • Quiero estar presente, pero me da mucha pena. 
  • No se si podré estar presente.
  • ¿Qué pasa luego con él, dónde lo lleváis?
  • ¿Es rápido?

Siempre deberemos tener la iniciativa y tomar la dirección de la conversación. De las eutanasias que he practicado, si el propietario se muestra dispuesto a conversar, por experiencia te digo que le reconforta mucho que le preguntes por la vida de su mascota, hacerle que recuerde buenos momentos con ella, preguntar por cuando era cachorro; y si llevamos tiempo tratándola, podremos recordar anécdotas o “batallitas” del pasado. 

Puede que ese animal lo hayas estado viendo y tratando durante tiempo, quizás desde que era pequeño; y eso también te dolerá a ti, porque habrás visto a ese “bicho” crecer.

📍 Durante la eutanasia

Una vez que todas las dudas están aclaradas, que el propietario se ha convencido del proceso y que están preparados para afrontarlo, procederemos a la eutanasia. 

A mí personalmente me gusta salir de la consulta para cargar el sedante y el fármaco para la eutanasia; ofreciéndoles un último momento a solas con su mascota, para que se despidan, lloren y estén en la intimidad unos minutos. De esa manera no están viendo todo el proceso (abre jeringuillas, agujas, carga, prepara el suero…) y vuelvo a entrar con todo ya preparado. 

En todo momento debemos tratar a la mascota con cariño, hablarle con ternura y ser delicados. Lo mismo haremos con el propietario. 

Cogeremos la vía si es que no la tiene, y conectaremos el suero. IMPORTANTE: la información al propietario, lo agradecerá. No nos cuesta nada, antes de cada paso que vayamos a hacer, explicárselo. Para nosotros puede ser rutinario, pero para ellos no. 

Ahora voy a inyectarle un sedante, esto hará que se duerma para que no sufra ni sienta nada”…

Algunos animales pueden tener pequeñas convulsiones o espasmos musculares, aunque por regla general si se usa un sedante previamente no suelen hacer nada. ¿Por qué te digo esto? Para que lo AVISES, que puede pasar y que es solo porque las células siguen vivas, pero el animal no sufre, ni se entera de nada porque está dormido. 

Avisarlo puede evitarte problemas con los propietarios. 

No pasa nada si nos emocionamos o mostramos nuestros sentimientos, somos veterinarios, pero también humanos; aunque sí debemos controlar que esto no nos impida realizar nuestro trabajo. 

📍 Después de la eutanasia

Tras el procedimiento, deberemos tratar al cadáver con cuidado y respeto. Igual que hicimos antes, podemos dejarlos a solas unos minutos, así como ofrecerles pañuelos o agua si la necesitan.

En este momento, a no ser que el propietario quiera, no es conveniente hablar ni comentar nada, ya que están en shock porque en cuestión de minutos su mascota se ha ido para siempre. 

Suele ser más reconfortante un apretón en el brazo, una caricia o unas palabras suaves de despedida hacia el animal; en función de la confianza que tengamos con ese propietario. 

A veces se les puede ofrecer si quieren un mechón de pelo de recuerdo.

Una vez que todo pase, es importante dar de baja al animal del sistema de registro y de nuestra base de datos. No es agradable que, pasados unos meses, de forma automática se avise al propietario de que su mascota tiene vacunas pendientes, ya que esto provocará un sentimiento de enfado hacia nosotros por falta de profesionalidad, totalmente justificado. 

Pasado unos días, no está mal que saquemos unos minutos para llamar al propietario y preguntarle e interesarnos por él. En su entorno puede que no encuentre el consuelo que busca, ya que aquel que no ha sufrido la pérdida de una mascota puede llegar a mostrarse poco empático y recurrir a frases como: “venga, que solo era un perro”; “¿por un gato estás así?”; “¿de verdad echas de menos a una rata? …” 

Por eso, el hecho de conversar e interesarnos por él puede tener un impacto muy positivo, además le reafirma la idea de que nos seguimos acordando de ellos. 

A pesar de ser profesionales y tener muchos conocimientos técnicos, no somos nada si dejamos de lado la parte humana. 

No olvides la regla de oro: mira siempre al propietario y al animal a los ojos, siempre. 

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Resistencia mental 

Las rachas malas existen. La semana en la que parece que todas las eutanasias llegan juntas vendrán. Y eso puede agotar psicológicamente. Así que, ¿cómo hacemos para mantenernos fuerte mentalmente?

El estado de ánimo es una experiencia humana natural provocada por un suceso psicosocial negativo, entre otros. En estos casos; nuestro estado anímico puede verse expresado de diferentes maneras: tristeza, abatimiento, pesadumbre, sentimiento de culpa…

La tristeza puede aparecer ante un sentimiento de fracaso o dolor si tomamos la situación como algo demasiado personal. Por un lado es beneficiosa en cierta manera ya que va a provocar la activación de conductas de alivio y de cohesión social; haciéndonos pensar y reflexionar. 

Por otro lado, la tristeza excesiva o prolongada en el tiempo puede arrastrarnos hacia una conducta pesimista; hacia el aislamiento social o incluso a la depresión.

Nuestro cerebro tiende hacia los pensamientos negativos como un mecanismo de defensa; por eso debemos aprender a controlarlo.

En conclusión, por todo ello, debemos ser conscientes del momento y de la dificultad para superar lo que supone a nivel anímico una eutanasia, pero sin olvidar la profesionalidad y nuestra labor como veterinarios.

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